Empleadas interrumpen el 50º aniversario de Microsoft para denunciar su complicidad en el genocidio en Gaza: esta es su historia

Durante la celebración del 50º aniversario de Microsoft, un dato quedó flotando en el aire como una bomba sin detonar, la nube de Microsoft almacena hoy más de 13,6 petabytes de datos del ejército israelí, el doble que antes de la ofensiva del 7 de octubre. Fue justamente este detalle —y todo lo que implica— lo que llevó a dos empleadas de la compañía a interrumpir el evento, acusando a la empresa de lucrar con el genocidio en Palestina.

La primera en irrumpir fue Ibtihal Aboussad, ingeniera de software de la división de Inteligencia Artificial. Subió al escenario mientras Mustafa Suleyman, jefe de Microsoft AI, presentaba los avances del asistente Copilot ante un auditorio repleto de empleados, directivos y figuras históricas como Bill Gates y Steve Ballmer. Con la voz quebrada, gritó: “¡Qué vergüenza! Dejen de usar la IA para el genocidio en nuestra región. Todo Microsoft tiene las manos manchadas de sangre”.

Aboussad fue rápidamente retirada del escenario. Poco después, envió un correo masivo a cientos de empleados, explicando sus motivos: “Hoy hablé porque, tras enterarme de que mi organización estaba impulsando el genocidio de mi pueblo en Palestina, no vi otra opción moral”. En su carta, acusó a la empresa de silenciar sistemáticamente a empleados árabes y musulmanes que han intentado denunciar estos vínculos.

Minutos más tarde, otra empleada, Vaniya Agrawal, interrumpió un panel en el que hablaban Gates, Ballmer y el actual CEO, Satya Nadella. Su intervención fue más breve, pero igual de contundente: “No podemos celebrar mientras contribuimos a crímenes de guerra”, exclamó antes de ser escoltada por seguridad.

Lo que ocurrió no fue un acto aislado ni improvisado. Ambas empleadas son parte de una red creciente de trabajadores de Microsoft que, desde hace meses, exigen que la empresa ponga fin a sus contratos con el ejército israelí. Aboussad ha sido una voz activa en foros internos, denunciando que sus funciones en IA estaban siendo utilizadas para transcribir y analizar comunicaciones interceptadas de civiles palestinos, con fines de vigilancia militar.

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Según una investigación de Associated Press, la tecnología de Microsoft y OpenAI se ha integrado en proyectos militares israelíes como el banco de objetivos y el registro de población palestina. “Microsoft Cloud y la IA deberían dejar de ser las bombas y las balas del siglo XXI”, escribió Aboussad en su mensaje interno.

El contrato más relevante es uno de 133 millones de dólares con el Ministerio de Defensa israelí. La infraestructura Azure de Microsoft permite procesar enormes volúmenes de información interceptada, que luego es utilizada para localizar y atacar supuestos blancos enemigos. Según cifras de la propia empleada, más de 300.000 gazatíes habrían muerto en el último año y medio como resultado de esta ofensiva.

Las críticas no son nuevas. En febrero, cinco empleados fueron expulsados de una reunión con Nadella tras una protesta similar. Sin embargo, el evento de este viernes fue el primero con un nivel de exposición mediática global.

Microsoft respondió con un comunicado escueto: “Proporcionamos muchas vías para que todas las voces sean escuchadas. Es importante que esto se haga de una manera que no cause una interrupción de los negocios”. La empresa no aclaró si tomará represalias ni si revisará sus vínculos contractuales.

La intervención generó reacciones mixtas entre los asistentes. Algunos aplaudieron en silencio, otros desviaron la mirada incómodos. En redes internas, empleados debatían si apoyar a las manifestantes o mantenerse al margen. Para Aboussad, “el silencio es complicidad. Independientemente de tu equipo, trabajas para una empresa que arma a la ocupación israelí”.

El gesto de lanzar una kufiya al escenario fue simbólico y desafiante. No sólo rompió el guión de una fiesta corporativa impecablemente planificada, sino que obligó a Microsoft a enfrentar una realidad que muchos preferirían ignorar; que la tecnología también mata, y que quienes la construyen pueden negarse a seguir apretando el gatillo.

Más allá del ruido de la celebración, las palabras finales del correo de Aboussad retumban con fuerza incómoda: “¿Queremos estar en el lado equivocado de la historia?”. La respuesta aún está por escribirse.

Imagen: Captura de Pantalla

Digna Irene Urrea

Digna Irene Urrea

Comunicadora social y periodista apasionada por las buenas historias, el periodismo literario y el lenguaje audiovisual. Aficionada a la tecnología, la ciencia y la historia.

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