¿Sabes cuánta agua y energía consumes cada vez que consultas una IA? Estudio lo revela

Cada vez que generas una imagen, corriges un texto o haces una pregunta a un chatbot, estás usando inteligencia artificial. Lo hacemos porque nos facilita la vida: es rápida, eficiente y siempre está disponible. Pero, ¿sabes cuánta agua y energía consumes cada vez que consultas una IA?


Detrás de esa comodidad existen consecuencias que muchos no saben, y es que cada interacción tiene un costo que va más allá de la pantalla; entenderlo es importante para decidir cómo, cuándo y por qué la usamos.

En el momento que  interactuamos con una inteligencia artificial, estamos consumiendo energía, y no en pequeñas cantidades. Según un estudio de la Universidad Carnegie Mellon (2024), una sola solicitud puede tener un costo energético muy distinto según lo que pidamos. Por ejemplo, generar 1.000 imágenes puede consumir hasta 2,9 kilovatios-hora (kWh), mientras que pedir 1.000 respuestas de texto solo requiere 0,002 kWh.

En cuanto al agua, los centros de datos que sostienen estas herramientas deben mantenerse fríos para evitar el sobrecalentamiento. Esto se logra, en gran medida, mediante sistemas de refrigeración que necesitan de este recurso.

Según The Informador y National Geographic, una sola imagen creada con IA puede requerir entre 2 y 5 litros de agua, mientras que un texto corto de unas 100 palabras implica el uso indirecto de aproximadamente medio litro. Multiplicado por millones de consultas diarias, el impacto es difícil de ignorar.

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Más allá del daño ecológico, también está transformando la manera en que nos relacionamos. A esto se suma una preocupación social importante: la creciente dependencia emocional de estas herramientas.

Según reportes de El País, algunas personas están reemplazando interacciones reales por conversaciones con asistentes artificiales. Aunque pueden ofrecer compañía momentánea, estas relaciones tienden a aislar más que a conectar, y con el tiempo pueden afectar negativamente el bienestar emocional.

También está la amenaza de la desinformación, porque permite crear imágenes falsas, audios manipulados y textos engañosos en cuestión de segundos, lo que abre la puerta a campañas que distorsionan la percepción pública, promueven discursos de odio o simplemente hacen pasar mentiras por verdad, sin notarlo en muchos casos.

Entonces, ¿qué hacer? La clave no es dejar de usarla, sino hacerlo con criterio. Si puedes resolver algo sin pedir cinco imágenes o si una búsqueda rápida es suficiente, evita sobrecargar los sistemas. Infórmate sobre cómo funciona y qué implica su uso. Y exige que las empresas sean claras sobre los impactos que generan sus productos.

La inteligencia artificial puede ser útil y positiva, pero no es invisible ni inocua. Cada clic tiene un costo que vale la pena conocer. Porque el futuro no se trata solo de innovar, sino de hacerlo con responsabilidad.

Imagen: Freepik

Redacción ENTER.CO

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