El presidente Donald Trump confirmó lo que ya era un rumor fuerte en Washington: Elon Musk dejará su cargo en el gobierno en las próximas semanas. El empresario, que entró como una figura clave para impulsar la eficiencia del aparato estatal, se va tras cumplir el periodo legal de 130 días que le permite colaborar sin desvincularse totalmente de sus empresas.
El magnate tecnológico asumió el liderazgo del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), creado por el presidente estaudinese con el fin de modernizar la tecnología federal y maximizar la eficiencia y productividad gubernamental.
Desde ese momento, fue claro que su papel iba más allá de lo simbólico. Tenía luz verde para mover estructuras, recortar gastos y aplicar la lógica empresarial a lo público. Sin embargo, su estilo frontal y a veces impredecible generó tanto respaldo como resistencias internas.
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La participación de Musk no fue gratuita para su imagen ni para sus negocios. Tesla cerró el primer trimestre de 2025 con una caída del 13 % en ventas, un golpe fuerte comparado con sus registros anteriores. Muchos atribuyen esta baja al costo reputacional de alinearse con el gobierno de Trump, en un clima político especialmente polarizado.
Aunque no se ha dado una fecha exacta, medios como El País, HuffPost y Cadena SER coinciden en que la salida de Musk será entre finales de abril y mediados de mayo. Es el plazo en el que vence su estatus como “empleado especial del gobierno”, una figura que le permitía estar activo sin dejar la dirección de Tesla y SpaceX.
Trump ha dejado la puerta abierta para futuras colaboraciones con Musk desde el sector privado. Aunque su salida marca el cierre de una etapa breve, es probable que su influencia continúe desde fuera, en esa zona gris donde se cruzan el poder político y el empresarial.
Imagen: Archivo ENTER